* LA LONJA DE MOTRIL MUESTRA LOS SECRETOS DEL MAR ENTRE FAGONES CIENCIAS Y TRADICIÓN* COSTA TROPICAL
El bullicio de los visitantes se mezcla con las explicaciones de los pescadores, las preguntas de los más pequeños y el aroma de los platos que se preparan al otro lado de la lonja. Por unas horas, el pescado no es solo el protagonista de las subastas y las cajas que cada día pasan por las instalaciones del puerto de Motril, también son el hilo conductor de una jornada en la que descubrir cómo se pesca, qué esconde el fondo marino y qué llega del mar a la mesa. La cuarta Feria del Mar ha convertido este sábado la lonja pesquera en un escaparate abierto a la ciudadanía, con multitud de personas llegadas de distintos puntos de la provincia dispuestas a mirar el litoral con otros ojos.
Entre talleres, demostraciones culinarias y experiencias de realidad virtual, la cita ha acercado a los visitantes al mundo de quienes salen a faenar, conocen los ritmos del mar y mantienen vivo un oficio ligado a la identidad de la Costa Tropical. La feria, vinculada a la actividad de la Organización de Productores Pesqueros OPP85, ha combinado divulgación y ocio para reivindicar la calidad, la frescura y la variedad de las capturas de la flota local, pero también para explicar los retos a los que se enfrenta el sector y la importancia de avanzar hacia una pesca sostenible.
Uno de los atractivos de la jornada ha sido precisamente la posibilidad de conocer cómo funciona la lonja y qué sucede en sus instalaciones a diario. Los visitantes han podido acercarse a la actividad pesquera desde una perspectiva diferente, comprender mejor el recorrido que siguen los productos del mar y descubrir el trabajo que existe detrás de cada jornada de faena. Entre las propuestas, el público ha tenido la oportunidad de conocer la labor del nasero, un oficio ligado a las artes de pesca tradicionales que permite acercarse a los conocimientos y las técnicas que mantienen viva la actividad.
La divulgación también ha tenido un papel protagonista, especialmente entre los más pequeños. Los talleres infantiles han permitido descubrir el mar desde una perspectiva didáctica y participativa, mientras que las gafas de realidad virtual han ofrecido a los niños la posibilidad de sumergirse en las profundidades marinas sin abandonar la lonja. Una forma de despertar la curiosidad por el ecosistema marino y acercar a las nuevas generaciones a la riqueza que se esconde bajo el agua.
La conservación de ese entorno ha estado presente también en los distintos espacios informativos instalados en la feria. Entre ellos, el de Coral Soul, asociación que ha mostrado parte del trabajo que desarrolla en la costa granadina para rescatar el coral candelabro. Su presencia ha permitido acercar al público una labor menos visible, pero fundamental para la protección de la biodiversidad marina, y recordar que el futuro de la pesca está estrechamente relacionado con la salud de los ecosistemas.
Entre los espacios divulgativos, el Aula del Mar de la Universidad de Granada ha puesto el foco en una colaboración que une ciencia y pesca con un objetivo común: aprovechar las capturas accidentales para favorecer la conservación de las especies marinas. Héctor Pula, biólogo marino y responsable técnico del Aula del Mar, ha explicado durante la feria el proyecto de guardería de cefalópodos, una iniciativa que permite recuperar las puestas de huevos que quedan atrapadas accidentalmente en las redes y que, de otro modo, podrían perderse durante las tareas habituales de selección de las capturas. "Estamos acompañando al sector pesquero para darle nuestro apoyo y mostrar la colaboración que mantenemos con ellos desde hace unos cuantos años, sobre todo en investigaciones que necesitan para seguir desarrollando su actividad", ha señalado Pula.
El funcionamiento del proyecto parte de un gesto de los propios pescadores. Cuando encuentran huevos de cefalópodos entre las capturas, los recogen y los llevan hasta el puerto, donde el equipo científico se hace cargo de ellos. A partir de ahí, las puestas pasan a unas instalaciones en las que se mantienen bajo condiciones controladas hasta que se aproxima el momento de la eclosión. Entonces, las liberan de nuevo en el mar, en lugares considerados adecuados para favorecer las posibilidades de supervivencia de las larvas y los ejemplares juveniles.
"Lo que hacemos es intentar que esos huevos maduren y se desarrollen en el laboratorio. Cuando estamos seguros de que van a eclosionar, los volvemos a liberar en el medio, en zonas donde tienen más posibilidades de desarrollarse", ha detallado el biólogo. La iniciativa busca beneficiar tanto a las poblaciones de cefalópodos como a otras especies marinas. Estos animales forman parte de la cadena alimentaria y sirven de alimento a numerosos peces depredadores, algunos de ellos también de interés comercial para los pescadores de la zona. De esta manera, el proyecto persigue un doble objetivo: contribuir a la conservación de los cefalópodos y favorecer, indirectamente, a otras especies que dependen de ellos para alimentarse.
La feria ha dibujado así una imagen de la actividad pesquera que va más allá de las capturas y su comercialización. Junto a la tradición y la experiencia de los profesionales, la jornada ha puesto el foco en la divulgación, la investigación y la necesidad de conservar el medio del que depende la propia actividad.
Y, como no podía ser de otra manera, el pescado también ha tenido su protagonismo entre fogones. Dos talleres de cocina en directo han acercado al público distintas posibilidades gastronómicas de los productos de la flota local. El primero ha contado con la propuesta de Álvaro García, chef del restaurante motrileño El Zarcillo, mientras que Iván Mateo, al frente de Espacio IME, ha protagonizado la segunda demostración. Dos propuestas para demostrar que la cocina de calidad no siempre necesita ingredientes exclusivos, sino una buena materia prima y el conocimiento necesario para sacarle partido.
Mateo ha llegado a la Feria del Mar con la idea de reivindicar productos humildes que forman parte de la despensa cotidiana, pero que todavía tienen mucho que ofrecer en la cocina. "Venimos a presentar dos productos de lonja que podemos encontrar perfectamente aquí y que utilizamos en nuestro restaurante, aplicándoles técnicas diferentes, pero sin dejar de lado que son productos humildes que cualquiera puede comprar en el mercado y tener en la nevera de su casa", ha explicado.
Entre ellos, el jurel ha ocupado un lugar destacado. Un pescado de precio asequible y sabor intenso que el cocinero considera especialmente versátil, aunque no siempre reciba el reconocimiento que merece. "Es uno de los productos más humildes que hay, pero tiene muchísimo sabor y mucha personalidad", ha defendido. A su juicio, también ofrece una buena relación entre calidad y precio, tanto para el consumidor como para la restauración.
Una actividad que busca acercarse a la ciudadanía
La respuesta del público, con visitantes procedentes de distintos municipios de la provincia, ha convertido esta cuarta edición en una jornada de encuentro en torno al mar. Familias, curiosos y aficionados a la gastronomía han compartido espacio con profesionales y entidades vinculadas a la conservación marina, en una programación que ha combinado aprendizaje, ocio y degustación.La Feria del Mar aspira precisamente a reducir la distancia entre quienes viven de la pesca y quienes consumen sus productos. En un contexto en el que el sector debe afrontar retos económicos, ambientales y de relevo generacional, acercar su realidad a la ciudadanía se convierte en una herramienta para reivindicar su importancia y reforzar el vínculo entre el territorio y sus recursos.



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