Cuando el atún rojo que ha sorteado las almadrabas del Estrecho en primavera alcanza las aguas templadas del Mediterráneo,llega a su mar de desove, su incubadora. Durante tres meses no comerá prácticamente nada, perderá grasa, se quedará seco. Es el momento en el que al Este se desata una película del Oeste.
Entre la Península y Baleares es un ‘coto de caza’ de armadores españoles. En esta zona del Mediterráneo se encuentran las piscinas de engorde, unas jaulas del tamaño de dos campos de fútbol, de donde va a salir la mayor parte de la exportación nacional de atún rojo, mucho más que de las almadrabas de Cádiz. Porque cuando el atún es capturado en el Mediterráneo no es apto para el mercado. Por eso en esas piscinas va a ser cebado durante cuatro meses hasta que recupere la grasa. Y el atún no va a comer pienso, sino miles de toneladas de arenques, caballas y sardinas del Atlántico. Dos firmas se disputan este inmenso negocio que supone una exportación de cerca de 20.000 toneladas, principalmente a Estados Unidos y Japón. Una, la más pequeña, Balfegó, se encuentra en l’Ametlla de Mar, en Tarragona, y está pilotada por dos primos hermanos. La segunda, la más grande, Hijos de Ricardo Fuentes, está en Cartagena, y está dirigida por seis hermanos. Como en el clásico del western Horizontes de grandeza, los dos clanes sostienen una rivalidad que va más allá de lo comercial.
Los primos Balfegó, Manel y Pere Vicent, que actualmente pilotan una empresa que genera unos 400 empleos, son la quinta generación de pescadores de l’Ametlla, situada en el centro del golfo de San Jorge, en el Bajo Ebro. De hecho, su familia, procedente de Benidorm, se encuentra entre los fundadores de la localidad. Esta población está marcada por la sangrienta disputa entre las dos cofradías de pescadores durante la II República, el Pósito de pescadores, de izquierdas, y la sociedad de San Pedro, de derechas. Durante el franquismo la dos cofradías se unificaron y los Balfegó destacaron en la pesca de arrastre. En los años 70 el abuelo de los actuales propietarios, espoleado por un familiar exiliado en Francia, se fue obsesionando con la captura del atún rojo y fue en los años 80 cuando abandonaron el arrastre para dedicarse al cerco. Fueron los primeros en obtener licencia para la captura del atún vivo. Cuenta Manel Balfegó que fue un pescador australiano el que le explicó en 1995 el sistema de las piscinas de engorde, que era el que utilizaban allí tras haberlo copiado de los canadienses, que trabajaban el atún para los japoneses desde los años 70. En 2002 se conformó la sociedad tal y como funciona hoy exclusivamente dedicada al atún.
El Grupo Fuentes, por su parte, debe su nombre a Ricardo Fuentes Herrero, fallecido en 2015 a los 80 años y toda una celebridad en Cartagena. Ricardo Fuentes empezó en los años 60 vendiendo su propio pescado en salazón en las plazas de los pueblos con un carrito hasta que consiguió hacerse con un puesto de pescado propio en el mercado de Cartagena. Con la ayuda de sus hijos, inició la expansión dedicándose a todo tipo de especies marinas mediterráneas. A mediados de los 90 fueron interesándose en el atún rojo. La asociación con los hermanos de Conil Muñoz Brenes, de la empresa Petaca Chico, en 2003, permitió la recuperación de la almadraba de Barbate. Además, adquirieron otras dos almadrabas en Marruecos y Portugal.
En 1996, casi al mismo tiempo que aquel pescador australiano le explicaba a Manel Balfegó cómo funcionaban las piscinas de engorde, Ricardo Fuentes colocó la primera jaula en Cartagena, de momento muy rudimentaria. Es lo que marca el inicio de la acuicultura de atún rojo en nuestro país. Con los años se instalaron tres granjas de acuicultura más con el sistema de piscina flotante, ya más sofisticado, en El Gorguel, cerca de Cartagena, en Malta y en Túnez. Era un negocio inmenso. De las cuatro grandes empresas que operan el atún de engorde del Mediterráneo, tres, Tuna Graso, Caladeros del Mediterráneo y Piscifactorías del Mediterráneo, pertenecen al Grupo Fuentes. La primera de ellas, Tuna Graso, fue la pionera en el engorde de atún y se fundó en colaboración con el gigante japonés Mitsui & Co., pero posteriormente se compró también esa parte. Además, el Grupo Fuentes tiene intereses en Cádiz. Desde el año 2004 tiene una instalación de venta de pescado fresco en el puerto de Cádiz y este mismo año ha anunciado la adquisición de dos parcelas en el polígono de Fadricas I de San Fernando para instalar un nuevo centro logístico de manipulación de marisco y atún rojo.
La disputa
Dos empresas de gran tamaño, casi convertidas en un duopolio, disputándose un mercado muy regulado por las cuotas están condenadas a no entenderse. Y, de hecho, no se entienden. Ambas compañías celebran los contratiempos de su rival, si no los alimentan. Aún así, hay una gran diferencia aún entre uno y otro. Mientras los cartageneros facturan en torno a los 256 millones de euros anuales, los tarraconenses se mueven en los 116 millones. Pero los segundos están dispuestos a recortar la diferencia combatiendo también desde la comunicación y la reputación.
Ya en 2009 Balfegó señaló a Fuentes como uno de los responsables de retener miles de artunes en el Estrecho impidiendo su reproducción. Llegaron a anunciar medias legales y en un duro comunicado afirmaron que los almadraberos andaluces -Fuentes tenía al 50% la almadraba de Barbate y otra más en Marruecos- “no son eficientes y, por tanto, incapaces de generar empleo”, por lo que no entendía que obrtuvieran subvenciones públicas en detrimento de ellos, “que tenemos el sistema de pesca más sostenible del mundo”.
Pero el verdadero golpe iba a llegar en el año 2018 cuando la Guardia Civil da a conocer en una nota de prensa la Operación Tarantelo, una investigación que implica de lleno al Grupo Fuentes en un fraude en el atún rojo. La acusación era grave. Según sus pesquisas, la mitad del atún que el Grupo Fuentes ponía en el mercado no se ajustaba a la normativa. Un detalle no menor va a hacer sospechar que detrás de la investigación de la Guardia Civil podía estar la mano del competidor. La Sexta contaba con un popular programa presentado por el mediático cocinero Chicote. Se llamaba ¿Te lo vas a comer?. Su segundo programa se dedicó al fraude del atún. Lo que se ve en él es el registro de la Guardia Civil de las instalaciones de la empresa, accediendo las cámaras incluso a zonas que deberían estar precintadas. Se habla de que hay determinadas piscinas, que no son las de Balfegó, que burlan a los inspectores dejando a los atunes muertos durante horas, lo que incrementa la histamina. Esas piscinas tienen que ser las de Fuentes, ya que no hay otras. La emisión acaba en Mercamadrid, en el espacio de distribución de Balfegó. Su responsable afirma que el fraude existe porque él vende el atún a 40 euros y otros lo venden a 32, lo que es muy raro.
En Fuentes nunca dudaron de que sus rivales les habían tendido la trampa, pero lo cierto es que seis años después, en julio de 2024, la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón enviaba el caso a juicio con un durísimo auto en el que se afirmaba que “personas y empresas extranjeras serían las encargadas de las capturas ilegales de los atunes rojos para posteriormente trasladarlos hasta diferentes puntos de la geografía española. Una vez llegada la mercancía a territorio nacional son los principales investigados (dos de los hermanos Fuentes) los que se dedican a la recepción de los atunes, manipulación, reacondicionamiento, blanqueo con falsificación de documentos y distribución para su posterior comercialización a diferentes empresas, mercados y personas”.
El pasado mes de diciembre José y Juan Pedro Fuentes alcanzaron un acuerdo de conformidad con la Fiscalía para aceptar las acusaciones a cambio de que las penas fueran inferiores a los dos años de prisión y pagar una multa de 71.000 euros. Balfegó, que se había presentado como acusación particular, emitió un comunicado: “Todo el sector tiene que estar en contra de cualquier acto fraudulento y celebramos que tras la dilación que ha sufrido este proceso judicial, iniciado en 2018, por fin se condenen las prácticas ilegales”.
A modo de consuelo, el Grupo Fuentes pudo haber celebrado antes la desgracia ajena. En 2020 una brutal tormenta mediterránea que fue bautizada como Gloria arrasó las piscinas de engorde Balfregó en L’Ametlla. Unos diez mil atunes escaparon de la jaula y otros muchos murieron. Varios ejemplares aparecieron diseminados por las playas y los paseos marítimos de la comarca. Aunque la empresa trató de ocultar el desastre, al final reconoció el daño. Habían perdido casi al completo su producción.
Sin embargo, las cuatro cofradías de la zona se volvieron contra ellos por su retraso en pagar indemnizaciones por el temporal, ya que temían que las piezas muertas contaminaran sus capturas. Para una empresa que cuida hasta el extremo su imagen, aquello supuso un coste reputacional que Fuentes observó en la distancia con satisfacción.

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