LA VOZ DE LA SALUD / MÁS ALLÁ DE LO QUE SE CREIA DEL BRUXISMO: NI SOLO ES DESGASTE NI LA FERULA ES LA SOLUCIÓN/
Se trata de un problema bastante frecuente, que afecta a entre el 10 y el 20 % de la población
El origen de la palabra bruxismo
da una pista muy clara sobre el fenómeno. Procede del griego, donde significa rechinar o crujir los dientes. Se estima que afecta a entre un 10 y un 20 % de la población, y no tiene porqué ocurrir solo durante el sueño. La medicina ya establece, en la actualidad, entre el bruxismo nocturno y el de vigilia. Ambos, aunque se relacionan y pueden sufrirse a la vez, no son lo mismo.Durante el sueño, «pueden aparecer episodios de actividad de la musculatura masticatoria, rítmica o no rítmica, que pueden manifestarse como apretamiento o rechinamiento», adelanta el doctor Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas de España. Por el contrario, el especialista reconoce que es habitual encontrarse con pacientes que, durante el día, mantienen los dientes en contacto de forma repetida y prolongada, aprietan la mandíbula o mantienen la musculatura en tensión, en ocasiones, sin ser conscientes de ello.
Con todo, Castro llama a actualizar lo que se entiende por bruxismo. «En una persona por lo demás sana, hoy no se considera necesariamente una enfermedad en sí misma, sino una actividad de la musculatura masticatoria que puede convertirse en un factor de riesgo cuando su intensidad o frecuencia produce consecuencias clínicas», aclara.
El doctor José Bahillo, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Odontología Conservadora y Estética (SEOC), precisa que, si bien por bruxismo, muchos entienden que es el resultado de apretar los dientes y el desgaste que esto provoca, no siempre es la realidad. Ese desgaste puede tener múltiples causas. «Puede ser erosivo, por ejemplo, cuando existe un consumo frecuente de bebidas carbonatadas; puede ser por atrición, es decir, por el contacto de un diente con otro; o puede tratarse de una abrasión, provocada, por ejemplo, por un cepillado demasiado agresivo. También puede existir una combinación de varios factores», resume el especialista. Ambos profesionales insisten en una día: la importancia de un diagnóstico para proceder en el tratamiento. No solo se trata de abordar el hecho de que una persona apriete esta musculatura, sino de valorar si hay un daño, dolor o deterioro de la función.
¿Qué síntomas provoca?
El cuadro clínico es muy diverso. Tanto puede haber personas que apenas se enteren, mientras que otros consultan por dolor o molestias relevantes. «Entre las manifestaciones más habituales encontramos sensación de tensión o cansancio en los músculos de la mandíbula, especialmente al despertar; dolor en la región de los maseteros o las sienes; cefaleas; rigidez mandibular; molestias al masticar; sensibilidad dental y síntomas relacionados con la articulación temporomandibular», señala el doctor Castro. En consulta, el dentista también puede observar signos como facetas de desgaste, fisuras o fracturas dentarias, deterioro repetido de restauraciones o hipertrofia de los músculos masticatorios. Eso sí, el desgaste no lo dice todo. «No demuestra por sí solo que una persona tenga bruxismo activo, sino que puede haberse producido años atrás o tener otras causas, como la erosión química», apunta. Por eso, resulta tan importante el diagnóstico adecuado mediante síntomas, historia clínica exploración y, si es necesario, métodos instrumentales de registro.
¿Cuáles son sus causas?
El bruxismo es multifactorial y no tiene una causa única que lo explique. El estrés o la ansiedad son dos factores importantes. Según Castro, también se han encontrado asociaciones con el consumo de tabaco, alcohol, cantidades elevadas de cafeína y determinados medicamentos, y algunos trastornos del sueño. El especialista apunta, sobre todo, a la apnea obstructiva del sueño. «Esto no significa que todas las personas que presentan bruxismo la tengan, ni que el bruxismo la cause, pero ante ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas, somnolencia diurna u otros signos sospechosos debemos valorar la posibilidad de un trastorno respiratorio del sueño y, si procede, derivar al paciente para su estudio», señala. Además, el presidente de los dentistas españoles destierra una antigua idea: que este problema tenga su origen en que los dientes encajen mal: «La evidencia disponible no respalda las interferencias oclusales como causa principal del bruxismo, por lo que realizar tratamientos irreversibles sobre la mordida con esa finalidad no está justificado», sentencia.
¿Qué riesgos supone?
Las consecuencias van más allá de las molestias o el dolor. En la boca, puede contribuir al desgaste y fractura de dientes, a las complicaciones de empastes, coronas o prótesis, y a la sobrecarga de tratamientos rehabilitadores o de implantes. Más allá de los dientes, las repercusiones son de tipo musculoesquelético. Es el caso de «dolor en la mandíbula o la cara, cefaleas, fatiga muscular y, en algunos pacientes, una merma considerable de la calidad de vida», comenta el experto.
¿Cómo se trata?
La buena noticia es que existen muchas soluciones, aunque no todas sean útiles en todos los casos. La férula es uno de los primeros pasos que se dan, pero no es el único abordaje. «Puede ayudar a frenar el desgaste, pero no soluciona por sí sola el problema ni permite recuperar lo que el diente ya perdido», expone el doctor Bahillo.
Coincide el doctor Castro, que defiende que el uso de férula «no es sinónimo de tratamiento completo del bruxismo». ¿La razón? Si bien esta herramienta, siempre que haya sido diseñada y controlada por un dentista, puede reducir los síntomas, su papel solo se centra en la protección. «No necesariamente elimina la actividad muscular que origina el bruxismo ni “cura” su causa. De hecho, la evidencia sobre su capacidad para reducir de forma mantenida la actividad bruxista es limitada», añade el experto.
Así, por ejemplo, en el bruxismo de vigilia, la educación del paciente y la toma de conciencia del hábito son especialmente importantes. Es decir, el afectado debe aprender a detectar cuándo está apretando, evitar mantener los dientes en contacto y utilizar técnicas de modificación de conducta.
El tratamiento puede requerir un abordaje multidisciplinar. Aquí entra la fisioterapia. «En pacientes que aprietan los dientes, especialmente aquellos que lo hacen de forma intensa y presentan tensión o contracturas musculares, puede ser una parte importante del tratamiento», destaca Bahillo, quien destaca que son personas que suelen presentar tensión, dolor o contracturas musculares, incluso, derivadas de la postura del día a día.
Y en caso de identificarse un estrés importante, alteraciones del sueño o medicamentos potencialmente relacionados, «hay que abordarlos de forma específica y, cuando sea necesario, coordinarnos con otros profesionales sanitarios; el tratamiento correcto no consiste, por tanto, en aplicar la misma solución a todos los pacientes», puntualiza Castro.
El mismo razonamiento se aplica al uso de toxina botulínica tipo A, que puede reducir, durante un tiempo, la contracción de los músculos como el masetero, y en personas con una actividad muscular muy intensa, reducir el dolor y algunas consecuencias del bruxismo. «La literatura científica reciente encuentra resultados favorables para determinados síntomas, aunque la certeza de la evidencia es mayor para el alivio del dolor que para demostrar que elimina el bruxismo como fenómeno», indica el presidente de la entidad, que añade: «No diría que la toxina botulínica cura el bruxismo».
El especialista recuerda que tampoco está exento de efectos adversos, como la debilidad muscular o las alteraciones funcionales. Además, destaca que se está estudiando «cuál puede ser el efecto de aplicaciones repetidas sobre la musculatura y las estructuras óseas mandibulares; por el momento, la evidencia sobre este último aspecto no es concluyente», finaliza. Así que, por el momento, las medidas conservadoras y reversibles siguen ocupando el primer escalón del abordaje.
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