MALAGA HOY * LOS PESCADORES DE LA CALETA DE VLEZ DICEN BASTAN A LOS PRECIOS BAJOS Y SE VEN OBLIGADOS A TIRAR LA CAPTURA A LA MAR *
La tripulación del 'Dolores Lazo' también se ha visto obligada a amarrar la nave al denunciar que salir a la mar les cuesta dinero
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Precios de ruina en lonja y costes disparados
En el vídeo grabado a bordo, los marineros detallan el desequilibrio entre el esfuerzo en el mar y la remuneración que obtienen en la subasta. Según exponen los tripulantes, las capturas de boquerón se están pagando en lonja a entre 30 y 40 céntimos el kilo, cifras insostenibles para afrontar la factura de un carburante desbocado. "Sumas salir a la mar con mal tiempo, echar horas, asumir riesgos, pagar el combustible por las nubes y encima quitar vida a la mar para prácticamente regalar el pescado. Llega un momento en el que te dices hasta aquí hemos llegado. Hemos parado voluntariamente porque ahora mismo salir a pescar nos cuesta dinero", denuncian los hermanos.
Asimismo, señalan la brecha entre el puerto y el consumidor final: "Ve al supermercado y mira cuánto vale un kilo de boquerones, a ver si entre todos descubrimos quién está pagando la fiesta. ¿Lo adivinas? Sí, el pescador".
Tensión e indignación en el puerto de Caleta de Vélez
El caso del ‘Dolores Lazo’ no es un hecho aislado, sino el reflejo del malestar generalizado que sacude a los puertos de la comarca de la Axarquía. En Caleta de Vélez, la indignación de la flota ha alcanzado su punto crítico en los últimos días tras hacerse viral otro vídeo en el que varios marineros tiran cajas de boquerones al mar tras no aceptarlos en la lonja. El autor del vídeo, Javier "Añico", denuncia estar cansado de la situación que están pasando y pide soluciones inmediatas ante una situación que cataloga de "insostenible".
El colectivo pesquero en la capital de la Axarquía advierte de que la actividad se ha vuelto insostenible. Al encarecimiento del gasóleo y a las cotizaciones en lonja se suma una creciente presión burocrática y de controles administrativos que, según denuncian los propios profesionales, les hace sentirse tratados "como delincuentes" en lugar de como trabajadores de un sector primario esencial.
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