El cambio climático se nota en el perfil de los pacientes que visitan urgencias durante los días más tórridos
Las altas temperaturas disparan descompensaciones y agravan patologías crónicas
“Tenemos urgencias relacionadas con calor que hace 20 años eran excepcionales, golpes de calor, tanto clásicos como inducidos por el ejercicio”, señala Rodríguez Leal. Detrás de estos casos hay una mortalidad más silenciosa, la del estrés térmico acumulado durante las noches tropicales o ecuatoriales.
Algunos fármacos pueden reducir la capacidad de respuesta al calor
A ello se suman los fármacos que toman los pacientes crónicos, que pueden reducir su capacidad de respuesta al calor. El resultado es “una oleada de descompensación de enfermedades crónicas similar a lo que podemos ver en el invierno con las situaciones virales respiratorias”: más insuficiencia cardíaca, más enfermedad tromboembólica por deshidratación y otras patologías que “hace años no veíamos” en verano.
Para Rodríguez Leal, no son los golpes de calor o las deshidrataciones en personas jóvenes los que más tensionan el sistema. “Lo que realmente tensa al sistema son estas personas que tienen complicaciones en sus enfermedades crónicas, porque son los que van a ingresar con más riesgo”, subraya. El problema se produce, además, cuando los hospitales suelen tener menos personal por las vacaciones estivales. Ese clima en el que “tradicionalmente en verano la gente enfermaba menos”, insiste, “ya no existe”.
El especialista identifica tres grupos especialmente vulnerables. En primer lugar, las personas mayores, cuyos mecanismos de termorregulación se deterioran con la edad. En segundo, los pacientes con insuficiencia cardíaca, hipertensión mal controlada u otras enfermedades cardiovasculares, que toman diuréticos o hipotensores cuya dosis rara vez se ajusta según la estación. “Estos ajustes dinámicos de la medicación teniendo en cuenta el clima no es algo que se haga habitualmente”, explica, lo que favorece la deshidratación y el fracaso renal.
Los casos de deterioro cognitivo o trastorno mental grave son más vulnerables
En este contexto, el especialista pone también el foco en los pacientes con deterioro cognitivo, que a menudo no piden agua y pueden deshidratarse sin que su entorno lo perciba. También las personas con trastorno mental grave son especialmente vulnerables. Ciertos neurolépticos, advierte, “te ponen en riesgo de poder hacer cuadros que se llama hipertermia maligna” y dificultan la capacidad de enfriamiento del organismo.
Para el internista, la respuesta pasa por reorganizar las urgencias ante el calor extremo como ya se hace frente a la gripe en invierno; y propone refuerzo de personal y recursos en verano, protocolos para las descompensaciones de enfermedades crónicas, coordinación con atención primaria y cardiología para ajustar la medicación al calor y espacios para el enfriamiento rápido de pacientes con golpe de calor.
Rodríguez Leal apunta también a la responsabilidad del sistema sanitario en la crisis climática. “El sector salud, si fuera un país, sería el quinto productor mundial de gases de efecto invernadero”, debido en parte a propelentes de aerosoles, anestésicos y al uso masivo de material de un solo uso. Y confía en que las normativas europeas limiten el uso de propelentes en inhaladores, con el horizonte de alcanzar la neutralidad de emisiones del sistema sanitario en 2050.
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