-EL COMPROMISO DE ABRIR LA SEMANA SANTA- HUELVA INFORMACION
Son los primeros en ponerse en la calle. Después del almuerzo del Domingo de Ramos, cientos de personas se dirigen al Polvorín a ver a La Sagrada Cena. Los que no, se van a San Pedro a ver a La Borriquita. Así comienza cada año la tarde del primer día de la Semana Santa en Huelva, con dos hermandades que inauguran la jornada junto con Redención y con un barrio que se vuelca con su cofradía.
La Hermandad de la Sagrada Cena vive ahora una nueva etapa con la llegada a la vara dorada de su hermano mayor, Pepe Beltrán. Una responsabilidad que afronta con un objetivo claro: reforzar la vida interna de la corporación y estrechar la relación con sus hermanos.
“El proyecto inicial va muy encaminado hacia la formación”, explica. La hermandad ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años, con una intensa actividad y una gran visibilidad en la calle, pero el nuevo hermano mayor quiere que ese crecimiento vaya acompañado de una mayor cercanía con quienes sostienen realmente la cofradía.
“Los costaleros tienen una visibilidad tremenda, afortunadamente no tenemos problemas de costaleros, pero realmente luego no conocemos a los cuerpos de nazarenos”, reflexiona. Para Beltrán, la base de la hermandad está en quienes conforman el cortejo cada Domingo de Ramos. “Son los que realmente forman la cofradía”.
Dentro de ese impulso organizativo, uno de los proyectos que quiere poner en marcha la nueva junta de gobierno es la creación de un archivo histórico que conserve toda la documentación de la hermandad. Un espacio donde queden registradas decisiones, contratos y documentos que con el paso de las legislaturas muchas veces se pierden.
“Muchas veces vamos a echar mano de algún papel y no lo tenemos”, reconoce. La idea es reunir y catalogar toda esa información para que quede a disposición tanto de los futuros responsables de la hermandad como de investigadores o personas interesadas en su historia.
Quien habla lo hace desde la experiencia de casi medio siglo vinculado a la corporación. Beltrán recuerda bien cómo era la Semana Santa cuando llegó a la hermandad en 1978. “El cambio ha sido de la noche al día”, afirma.
En aquellos años, explica, sacar adelante cualquier proyecto era mucho más complicado por la situación económica y por los escasos recursos de las hermandades. “Para encargar cualquier cosa costaba muchísimo”. Hoy, sin embargo, las corporaciones pueden afrontar iniciativas de mayor envergadura. La propia Cena acaba de culminar la renovación del paso de palio de María Santísima del Rosario, una intervención importante que ha supuesto un notable esfuerzo económico.
El cambio también se ha notado bajo los pasos. Beltrán recuerda tiempos en los que reunir una cuadrilla completa era una auténtica odisea. “Hemos sufrido días muy malos”, rememora. Tanto que, en algunos años, el objetivo principal era simplemente completar el recorrido. “Nosotros disfrutábamos después, el Domingo de Ramos no disfrutábamos porque no había lugar”.
Hoy la situación es muy diferente. Las cuadrillas están consolidadas y los costaleros disfrutan del trabajo bajo las trabajaderas. Una transformación que refleja también el crecimiento general de la Semana Santa de Huelva.
Ese crecimiento se percibe igualmente en el sentimiento de pertenencia. “Ahora uno se siente muy orgulloso de pertenecer a una hermandad”, explica. Algo que no siempre fue así.
El futuro de la hermandad pasa también por su cantera. La Cena cuenta con un sólido grupo joven que garantiza la continuidad generacional y que participa activamente en la vida de la corporación.
El camino comienza en los llamados talleres cofrades, destinados a los más pequeños. Niños de seis o siete años se reúnen periódicamente para conocer la historia de la hermandad, aprender sobre el misterio de la Última Cena o participar en actividades relacionadas con el arte sacro.
A partir de ahí muchos de ellos pasan al grupo joven, donde la implicación es todavía mayor. Organizan actividades, colaboran en los cultos, preparan iniciativas para financiar proyectos y participan en convivencias con jóvenes de otras hermandades.
“Es muy bonito ver la convivencia entre ellos”, destaca Beltrán. En uno de los encuentros organizados por la hermandad llegaron a reunirse jóvenes de nueve corporaciones distintas en la plaza del barrio.
Ese recorrido culmina en muchos casos en el cuerpo de acólitos o incluso en las cuadrillas de costaleros, completando así el ciclo formativo dentro de la hermandad.
La actividad no se limita al ámbito formativo. La Cena mantiene también una intensa labor caritativa. La nueva junta ha creado un área específica de caridad con el objetivo de atender de forma más directa a las familias necesitadas.
“Queremos llegar directamente a las personas que lo necesitan”, explica el hermano mayor. La hermandad colabora con distintas iniciativas sociales y reparte alimentos en coordinación con entidades como la Fundación Ángel Muriel. También mantiene su vinculación con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, con quienes colabora regularmente.
Una labor que, como recuerda Beltrán, se realiza muchas veces de manera discreta. “La caridad hay que hacerla y se queda hecha”, resume.
El presente de la hermandad también pasa por pequeños estrenos que se incorporarán al patrimonio este año. Entre ellos destaca un mantolín para la Virgen del Rosario, donado de forma anónima por un hermano y que será presentado en los días previos a la Semana Santa.
También se estrenarán varios medallones conmemorativos dedicados a costaleros fallecidos recientemente, un gesto que refleja el fuerte vínculo entre la hermandad y sus cuadrillas.
Mirando hacia el futuro, la Cena mantiene además el proyecto de un nuevo manto para la Virgen del Rosario, aunque por ahora su ejecución se encuentra a la espera debido a la inestabilidad del precio de los metales preciosos.
Mientras tanto, la hermandad sigue creciendo desde su barrio del Polvorín. Cada Domingo de Ramos, cuando el paso del Señor de la Sagrada Cena se pone en la calle, vuelve a repetirse la misma escena: familias enteras esperando en las aceras y un barrio entero que sabe que su hermandad vuelve a abrir la tarde.



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