-EL LEJANO FANTASMA DE LA SEQUÍA QUE VOLVERÁ A ANDALUCÍA- GRANADA HOY
Los comités de sequía empiezan a relajar las restricciones”. El titular es de hace exactamente un año. Por aquel entonces fue necesario un tren de borrascas para que la Junta de Andalucía comenzara a plantearse subir de 180 a 200 litros por habitante y día en la capital malagueña y de 200 a 225 en la Costa del Sol. En ese momento, los embalses de la provincia de Málaga estaban al 56% de su capacidad con 341,88 hectómetros cúbicos entre sus siete presas. Ayer tenían 575,78 hectómetros cúbicos, lo que supone el 95,46% de su capacidad total.
“Málaga pone fin a la sequía y se libera de restricciones tras cinco años”. Este titular es de esta misma semana. Entre uno y otro la diferencia es abismal. El embalse de La Viñuela tiene buena parte de culpa. Es el más grande de la provincia y de sus poco más de 164 hectómetros cúbicos, tiene ocupados más de 148. Se encontraba todavía esta semana en nivel severo.Al menos así lo determinó la reunión del Comité de Seguimiento de las Cuencas Mediterráneas celebrada a finales de marzo del año pasado. Hasta un año después, el mismo organismo no ha superado su nivel de escasez en el que se encontraba la zona de la capital, mientras que la Axarquía continuaba bajo la etiqueta de severa. Desde entonces, tanto la Viñuela como especialmente el Guadalhorce viven uno de los mejores momentos de toda su historia.
El consejero de Agricultura de la Junta, Ramón Fernández-Pacheco, anunciaba lo que denominó como “relajación” de las restricciones, aunque quiso ponerlas en su justa medida: “la sequía volverá”. Recordaba, sin duda, su etapa de portavoz del Ejecutivo, cuando fue el encargado de anunciar hasta cuatro Planes de Sequía entre 2021 y 2024 para intentar aliviar una situación que nadie sabía cuándo iba a terminar. El último tiene fecha de hace dos años e incluía una inversión de 217,8 millones para actuaciones en abastecimiento y ayudas al sector agroalimentario. Ese mismo año se puso sobre la mesa incluso la posibilidad de traer agua en barco procedente de la desaladora de Cartagena y de Portugal como medida de emergencia contra la sequía. Los puertos de Málaga, Algeciras y Almería se adecuaron para recibir buques cisterna para el consumo humano, con un coste que fue estimado en más de 5 millones de euros mensuales. No se llegó a aplicar, aunque la propuesta se estudió en varias reuniones de unos consejos de gobierno que eran una letanía de niveles de los pantanos más que preocupantes.
Se plantearon también medidas como el agua regenerada (que sigue siendo un recurso más que aprovechable y que no se ha descartado) o rediseños en las tomas de agua de ciertos embalses para que se pudieran aprovechar los escasos recursos. Portugal también estuvo en el objetivo del Gobierno andaluz, cuando se puso sobre la mesa la posibilidad de solicitar trasvases de la presa de Alqueva, sobre todo para que los agricultores pudieran aprovechar unos recursos más abundantes que los existentes en una provincia, la onubense, que todavía pena un déficit de infraestructuras alarmante, desde la presa de Alcolea, al túnel de San Silvestre, al canal de Trigueros, varios embalses pendientes e incluso un trasvase ya aprobado pero no ejecutado.
También se estudiaron la posibilidad de nuevas desaladoras la Axarquía y Almería, o ampliar las existentes. Son infraestructuras que precisan de un periodo de construcción muy alto, de grandes presupuestos y que, aunque garantizan el abastecimiento humano y el suministro agrícola, precisan de un mantenimiento elevado por la cantidad de energía que requieren, así como las obras de canalización e impulsión que precisan para llevar el agua hasta donde se requieren.
En los últimos meses se ha vivido un tren de tormentas como no se recuerda ha dejado imágenes jamás vistas. Pueblos enteros desalojados (Grazalema) donde el agua salía del subsuelo y a través de enchufes eléctricos; buena parte del sistema del Guadalquivir en alerta amarilla, naranja y roja; la campiña jerezana y la provincia de Málaga con niveles preocupantes e incluso en Córdoba y Sevilla en localidades próximas a la capital con zonas inundadas. Todas esas estrategias parecen solventadas y los tiempos de escasez de agua suenan a una política del pasado.
Los pantanos no estaban tan llenos desde hace más de doce años. Hay que remontarse al mes de junio del año 2014 para encontrar una cifra por encima de los 10.100 hectómetros cúbicos que se registraron a finales de esta misma semana en todas las cuencas andaluzas. La temporada agrícola y turística está más que salvada. El suministro se mide en años, no en meses. No obstante, no hay dejar de lado el recuerdo de dónde venimos. Las sequías han roto sus ciclos. Eran medibles. Han dejado de serlo. No son tres de escasez y varios de abundancia. El cambio climático ha traído una dinámica diferente y, sobre todo, compleja, incluso imposible de entender. En lo que sí hay acuerdo es en las palabras del responsable del Gobierno andaluz en materia hídrica: “la sequía volverá”.
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