El kilogramo de AOVE se sitúa a una media de 3,57 euros, su precio más bajo en cuatro años para esta fecha
Los costes del olivar se disparan un 57% y la mayoría produce en pérdidas
El AOVE ha registrado un decremento intersemanal, como también lo han hecho el aceite de oliva virgen, a 3,15 euros/kg (-0,78%); el oliva lampante, a 2,93 euros (-0,29%) y el oliva refinado, a un precio de 3,16 €/kg (1,10%). Por contra, sube el precio del aceite de orujo de oliva crudo, a un precio de 1,30 euros (0,82%) y se mantiene sin cambios el del orujo de oliva refinado, a 1,97 euros.
La tendencia, como muestran los distintos observatorios de precios del aceite, se mantiene a la baja en los primeros días de agosto, en un descenso sin freno que impide a los agricultores cubrir los costes de producción, algo que las organizaciones agrarias han denunciado en numerosas ocasiones en las últimas semanas.
Sobre el papel, la caída de los precios estaría marcada por una mayor oferta, al mejorar las condiciones meteorológicas y esperar una cosecha abundante. Pero los productores denuncian que ese no es el escenario actual y apuntan a otros dos factores como clave para explicar este movimiento: la presión de las envasadoras para rebajar el precio y el aumento de las importaciones de aceite tunecino.
COAG, UPA o la asociación del olivar tradicional OliveA han coincidido en los dos últimos meses en apuntar a las estrategias comerciales de los grandes operadores del aceite como una de las causas principales del desplome de los precios en una campaña que no ha sido tan excepcional como se anunciaba y que se ha encontrado además con un aumento de costes derivados del conflicto en Oriente Próximo. Para COAG, las envasadoras han aplicado una estrategia de acopio anticipado y después una pausa en las compras que inyecta presión a los agricultores.
En paralelo, denuncian las organizaciones, se han incrementado las compras de aceite tunecino utilizando el denominado régimen de perfeccionamiento activo, que permite introducir aceite sin pagar aranceles con la condición de que sea reexportado en un plazo máximo de seis meses. Un mecanismo legal pensado para momentos de escasez que, a su juicio, se está usando de forma indiscriminada y que se suma al contingente anual autorizado por la Unión Europea, que permite la entrada de 56.700 toneladas libres de aranceles. Los olivareros se verían así empujados a vender sus producciones a muy bajo precio.
El problema de esta caída es precisamente ese: los precios de compra no sostienen los costes de producción, algo que va en contra de la Ley de la Cadena Alimentaria. Según un reciente estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivo, esos costes se han encarecido cerca de un 57% en los últimos seis años, abocando a una mayoría de las explotaciones a producir a pérdidas y con garantía solo para los sistemas en seto (superintensivos) y algunos intensivos. La Asociación marca que el umbral de rentabilidad medio está en el entorno de cinco euros por kilo de aceite, muy lejos del importe que se está pagando en este momento. Y cada vez se aleja más del precio que necesitan los agricultores para sostener su producción.
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