HUELVA INFORMACION: UN EXPERTO SEÑALA QUE EL CLIMA Y LOS EUCALIPTALES PUEDEN ESTAR DETRAS DE LA VIRULENCIA DEL INCENDIO DE NIEBLA
La espectacular formación se ha dejado ver desde numerosos puntos de la provincia en una jornada marcada nuevamente por el incendio de Niebla
Un experto señala que el clima y los eucaliptales pueden estar detrás de la virulencia del incendio de Niebla
La magnitud alcanzada por el incendio forestal de Niebla
, que ha recorrido ya unas 31.000 hectáreas, no responde únicamente a las altas temperaturas de estos días. La combinación de grandes extensiones homogéneas de eucalipto, abundante combustible vegetal, una orografía complicada y una sucesión meteorológica especialmente adversa habría creado las condiciones propicias para que el fuego adquiriera un comportamiento propio de los denominados incendios de sexta generación.Así lo explica Alfonso M. Doctor Cabrera, profesor titular de Historia, Geografía y Antropología de la Universidad de Huelva (UHU) y doctor experto en incendios forestales, que señala que este tipo de fuegos alcanza una intensidad capaz de “devorar todo lo que aparece” a su paso.
El especialista recuerda, no obstante, que un incendio de las dimensiones del de Niebla atraviesa a lo largo de su recorrido formaciones vegetales y territorios muy diferentes, por lo que su comportamiento tampoco es idéntico en todo el perímetro.
Uno de los fenómenos que explica su extrema virulencia es la aparición de pirocumulonimbos, enormes nubes generadas por el propio incendio debido a las elevadas temperaturas. Estas pueden alcanzar hasta los 2.000 metros de altitud y, cuando terminan desplomándose, provocan un intenso “paveseo” capaz de generar focos secundarios a gran distancia.
Este comportamiento dificulta enormemente las labores de extinción. Mientras los equipos trabajan sobre un frente, las pavesas pueden trasladarse y originar nuevos puntos de fuego por delante de la línea principal, multiplicando los escenarios que deben atender los efectivos.
El papel del eucalipto
Doctor Cabrera pone especialmente el foco en la vegetación existente en la zona donde comenzó el incendio, marcada por amplias plantaciones de eucalipto destinadas a uso productivo.
El experto explica que estos ejemplares se encuentran plantados de manera muy próxima y homogénea, presentan características similares de edad y porte y cuentan con ramas desde cotas bajas. Todo ello favorece que las llamas puedan desplazarse con gran velocidad y alcanzar prácticamente la totalidad del árbol.
“No solo es una especie que favorece el fuego, sino que al ser de plantación se trata de fincas de kilómetros y kilómetros con ejemplares clónicos, es decir, de la misma edad y del mismo porte”, advierte.
A ello se suma el material que desprenden los árboles. Ramas, hojas y cortezas generan combustible en el suelo y su disposición facilita la circulación del aire, contribuyendo a acelerar la propagación.
La diferencia, según Doctor Cabrera, está en la diversidad. Un territorio donde alternan encinares, bosques de galería, pinares y pastizales rompe la continuidad de la vegetación y puede contribuir a dividir o ralentizar el frente. Una masa homogénea, por el contrario, permite que las llamas encuentren combustible de características similares durante kilómetros.
La 'pinocha' y una orografía complicada
El problema no termina en los eucaliptales. En espacios forestales como Pata del Caballo, uno de los sectores que más dificultades ha planteado durante el incendio, existe una importante presencia de pinar.
Doctor Cabrera señala, a partir de trabajos de campo realizados en la zona, la existencia bajo los árboles de gruesas acumulaciones de 'pinocha', las hojas secas de los pinos. Su reducido grosor y los espacios existentes entre las agujas permiten que circule el aire, haciendo que este manto pueda arder con enorme rapidez e intensidad.
A la vegetación se añade el propio terreno. La zona norte de Escacena y los parajes próximos presentan fuertes pendientes, barrancos y numerosas ondulaciones. El fuego encuentra en las pendientes un escenario favorable para ascender rápidamente mientras que, al mismo tiempo, esa orografía complica el acceso de los medios terrestres.
“La peor combinación posible”
Y después está el clima. El profesor de la UHU considera que la secuencia meteorológica registrada durante los últimos meses ha generado “la peor combinación posible para un incendio”.
Las abundantes precipitaciones del otoño y la primavera favorecieron inicialmente un importante crecimiento de la vegetación. Sin embargo, la llegada temprana del calor y la sucesión de episodios de altas temperaturas desde mayo secaron rápidamente toda esa masa vegetal, convirtiéndola en combustible disponible para las llamas.
“Esto provoca que los vegetales crezcan mucho, pero se sequen de golpe al llegar las altas temperaturas”, explica Doctor Cabrera, quien sitúa este escenario dentro de los efectos asociados al cambio climático.
El riesgo de volver a repetir la historia
El especialista lanza además una advertencia que mira más allá de este incendio. Los grandes fuegos de Huelva tienden a repetirse en determinadas zonas de la provincia, sostiene.
Parte del territorio afectado estos días ya sufrió el gran incendio de Berrocal de 2004, que calcinó alrededor de 34.000 hectáreas. La recuperación completa de un ecosistema después de una catástrofe de semejante magnitud necesita décadas.
Por ello, Doctor Cabrera cuestiona que tras los incendios se vuelva a apostar por extensas plantaciones homogéneas de eucalipto. A su juicio, replantar la misma especie reproduce las condiciones que pueden favorecer nuevamente grandes incendios a medio plazo.
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