Cada verano se repite el mismo dilema en millones de hogares: las ganas de desconectar y cambiar de aires chocan con la realidad del bolsillo. Viajar se ha consolidado como una necesidad casi vital, pero con la inflación turística por las nubes —ya sea para pasar unos días en la playa, hacer una escapada de interior o coger un vuelo al extranjero—, salvar las vacaciones exige un esfuerzo financiero cada vez mayor. Para lograrlo, la financiación ha irrumpido como el gran recurso del verano. Lo que antes era una opción más excepcional se ha normalizado en la planificación del viaje, abriendo un debate relevante sobre la salud económica de las familias a medio plazo.
Las cifras recientes lo confirman. Según datos del Banco de España analizados por la Agencia Negociadora de Productos Bancarios, los hogares españoles contratan más de 7.400 millones de euros en crédito al consumo durante los meses estivales, un incremento del 121 % respecto a hace una década. Asimismo, un estudio de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) revela que el 22 % de las familias financia sus vacaciones con préstamos o tarjetas, el doble que hace tres años. Con un presupuesto medio por persona que supera los 1.300 euros según entidades como Oney o Cetelem, el fraccionamiento de pagos mediante fórmulas de compra ahora y paga después se ha convertido en una práctica habitual.
El problema es que esta facilidad de pago esconde costes elevados. El Banco de España y la OCU advierten de que las tarjetas de pago aplazado o microcréditos suelen aplicar intereses muy elevados. En la práctica, esto implica un plus oculto en cada gasto: el fraccionamiento encarece desde la comida en un chiringuito costero hasta el billete de avión o la estancia en un hotel rural. Expertos de la VIU recuerdan que endeudarse por un placer efímero y sin retorno deja comprometido el presupuesto, sobre todo entre los menores de 35 años y los hogares con rentas ajustadas, que en septiembre deben encajar las cuotas del viaje junto a los desembolsos de la vuelta al cole.
Buscar la calma a costa de empeñar la tranquilidad del resto del año no es un buen negocio, especialmente cuando lo verdaderamente valioso rara vez exige grandes desembolsos. Hay multitud de alternativas asequibles y excepcionales: basta con mirar parajes de plena naturaleza como la ribera del Huéznar, en la Sierra Norte de Sevilla, donde disfrutar de baños magníficos, noches estrelladas espectaculares y soledad suficiente para reencontrarse con uno mismo. Adaptar las expectativas a las posibilidades reales, valorar la templanza y no entregarse al consumo acelerado y masificado es la mejor fórmula para disfrutar del verano sin la incómoda sensación de que el descanso viene con una dura comisión bancaria incluida.
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