miércoles, 29 de julio de 2026

 SALUD BIENESTAR 

UNA NUTRICIONISTA Y UN CARNICERO ESTÁN  DE ACUERDO EN QUE LA CAPA BLANCA DEL FUET ES BUENA PARA LA SALUD, PERO HAY UNA EXCEPCIÓN.


No hay duda de que uno de los embutidos más populares y típicos de España es el fuet. Se elabora a partir de la carne magra del cerdo y una de sus partes más características es la capa blanca que tiene alrededor. Esta última, además, es uno de los temas que más debate suele generar entre los partidarios de dejarla y los que prefieren quitarla antes de su consumo.

Por otra parte, una de las cuestiones que suele plantearse mucha gente es si podría llegar a ser perjudicial para la salud. Esta respuesta la ofrece la nutricionista Gloria Abiétar en una de las últimas publicaciones de Atida Mifarma (@atida_mifarma): "Sí, la piel del fuet, esa capa que muchos quitan, es totalmente comestible, ya que está hecha de tripa natural de cerdo, vaca o cordero".

La excepción

Además, esta opinión la corrobora también el carnicero Albert Ribot (@ribotalbert) en sus redes sociales: "Es totalmente inofensivo, se puede comer perfectamente, además, contribuye de forma activa a los aromas propios del fuet y creo que es una parte muy importante del sabor de muchos embutidos".

Así, la capa blanca que habitualmente solemos ver corresponde al penicillium, un hongo o moho totalmente benigno, que, de hecho, "aparece en algunos quesos curados", añade la nutricionista. "Su función es proteger el embutido en cuestión durante el proceso de curación", explica Ribot.

No obstante, aunque en estos casos no es malo, la realidad es que hay un 'pero': "Si la piel es sintética o artificial, pélala antes de comer. En la etiqueta debe aparecer 'no comestible' o 'envoltura artificial'. Elige fuets artesanos con tripa natural y moho comestible, más sanos y sin líos", sugiere la experta.

Un posible origen fortuito

El origen de esta capa blanca pudo haber sido totalmente accidental hace cientos de años, pero gracias a esto ha permitido la conservación de la carne a temperatura ambiente. Por ello, siempre y cuando el sabor, la textura o el olor de este alimento no nos resulte extraño, su ingesta no tiene por qué conllevar riesgos para la salud.

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