LA VOZ DE LA SALUD
RADIOGRAFIA DEL CALOR EN EL CUERPO HUMANO:¿ PORQUE LAS ALTAS TEMPERATURAS PUEDEN LLEVAR A LA MUERTE?
Los fallecimientos por esta causa no paran de aumentar cada verano, por ello, dos especialistas insisten en los síntomas a los que se debe estar atento
Despertarse con calor. Trabajar con calor. Intentar dormir, otra vez con calor. Este vocablo, que deriva del verbo latino calere
, se cuela en la rutina hasta convertir el verano en una sucesión de pequeños esfuerzos cotidianos. Porque, aunque para muchos esta sea la estación más esperada del año, también es la de unas temperaturas que cada verano baten nuevos récords.En situaciones normales y en personas sin riesgos de salud asociados, el organismo cuenta con mecanismos suficientes para liberarse del bochorno. El hipotálamo, una estructura del cerebro, hace de termostato. «Ordena dilatar los vasos de la piel, que se enrojece para liberar calor, y, sobre todo, sudar», destaca María Villalonga Comas, coordinadora del Observatorio del Cambio Climático de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y especialista en el Hospital Universitario de Son Espases (Palma de Mallorca). Precisamente, la evaporación del sudor es la principal vía de refrigeración. En ambientes secos, funciona bien. El problema llega cuando hay mucha humedad, porque el sudor no termina de desaparecer. A este proceso de adaptación, se suman los esfuerzos del corazón, que late más deprisa para llevar el calor a la superficie y la respiración, que se acelera. Todo un engranaje que tiene un objetivo: «Mantener la temperatura interna en torno a los 37 grados centígrados», indica la doctora Villalonga.
Por el camino, se va gestando una sobrecarga cardiovascular y renal. «Cuando el calor es muy intenso o prolongado, estos mecanismos se ven desbordados, la temperatura interna sube y comienza el daño celular. De hecho, las personas frágiles se descompensan mucho antes», explica la especialista de la SEMI.
El punto que convierte este problema en una emergencia médica parte de la temperatura corporal. Cuando supera de forma sostenida los 40 o 41 grados, las proteínas y las membranas de las células se dañan, y se desencadena una respuesta inflamatoria y alteraciones de la coagulación «similares a los de una sepsis, que es una infección grave, y que conducen al fallo de varios órganos a la vez», resume Villalonga. De ahí que aquellos pacientes de patologías del corazón, pulmonares o renales previas tengan un mayor peligro. Es más, según la especialista de medicina interna, la mayoría de las muertes por calor no son golpes de calor «clásicos», «sino descompensaciones de personas enfermas y mayores». En cambio, los golpes de calor que, en muchas ocasiones, se pueden leer en titulares, suelen ocurrir «en personas que realizan actividades intensas en el exterior o en el interior pero mal climatizado».
Las altas temperaturas extremas pueden romper el equilibrio interno del cuerpo: «El sistema nervioso central falla, el corazón trabaja al límite y puede aparecer daño multiorgánico. No solo hablamos de tener mucho calor, sino de una situación que puede llevar a convulsiones, coma, arritmias, fallo renal, hepático y muerte», alerta el doctor Keith Albert Foo, presidente de la Sociedad Española de Medicina General (SEMG) en Galicia y médico de familia en el centro de salud de Nogueira de Ramuín, en Ourense.
Con los termómetros internos —y externos— en niveles muy elevados, el cuerpo humano puede sufrir una carga termorreguladora, deshidratación y estrés cardiocirculatorio: «La primera situación es ese trabajo añadido: sudar, dilatar los vasos sanguíneos de la piel y redistribuir la sangre para perder calor. La segunda aparece porque el sudor implica pérdida de agua y sales. Y el estrés cardiocirculatorio significa que el corazón debe bombear más rápido y con más intensidad para llevar sangre a la piel y permitir que el cuerpo se enfríe», profundiza Foo. De hecho, es este triple esfuerzo el que explica la descompensación de patologías crónicas.
En este sentido, los profesionales consultados destacan que hay una gran diferencia en el diagnóstico. No es lo mismo una deshidratación, con síntomas como sed, boca seca, debilidad y orina oscura, pero que se puede resolver con la reposición de líquidos; que el golpe de calor, un episodio mucho más grave. «Es una emergencia vital que exige enfriar a la persona y llamar al 112. La deshidratación puede preceder y agravar el golpe de calor, pero no son lo mismo», indica la experta.
Cuando el cuerpo ya no consigue eliminar el calor, «lo que puede suceder por agotamiento de agua y sales, humedad elevada, uso de ciertos fármacos o por la edad», se produce una hipertermia. La persona deja de sudar, «la piel se vuelve caliente y seca, y el cerebro y el resto de órganos empiezan a fallar, es el paso del agotamiento por calor al golpe propiamente dicho», contempla la doctora Villalonga, que recuerda que no siempre desaparece el sudor. «Cuando esta emergencia se da por esfuerzo, como sucede en deportistas o trabajadores jóvenes, la persona puede seguir sudando». En palabras del médico de familia gallego, «el organismo pasa de defenderse del calor a ser dañado por el mismo».

Síntomas a tener en cuenta: «Cada minuto cuenta»
El presidente de la SEMG en Galicia establece una diferencia entre los primeros avisos, «que suelen ser sed intensa, cansancio desproporcionado, dolor de cabeza, mareo, náuseas, calambres, sudoración intensa, debilidad, palpitaciones o sensación de desmayo»; y los signos de alarma. Es el caso de la confusión, desorientación, piel muy caliente, pérdida de conciencia, convulsiones, fiebre elevada, imposibilidad para beber, vómitos persistentes o empeoramiento brusco de una enfermedad previa. Para la internista, cualquier alteración neurológica en un contexto de altas temperaturas debe considerarse un golpe de calor mientras no se demuestre lo contrario. ¿La razón? «Cada minuto cuenta». En este caso, recomienda Foo, habría que retirar a la persona de la exposición a altas temperaturas y pedir ayuda sanitaria.
Antes de esta emergencia, la persona suele pasar por una fase de agotamiento por calor y sufrir dolor de cabeza, mareo, calambres musculares, náuseas, sudoración profusa, sed y pulso acelerado. Es obligatorio actuar deprisa y no pasarlo por alto: «Tenemos que buscar un lugar fresco, descansar e hidratarse, para evitar que la situación progrese», precisa la experta.
La medicina conoce el orden que siguen los sistemas afectados en condiciones de hipertermia. El primero en fallar es el cerebro, «porque las neuronas son extremadamente sensibles a la temperatura y toleran muy mal el exceso de ella», profundiza Villalonga. Por encima de 40 grados, el funcionamiento del sistema nervioso se altera en pocos minutos, tal y como sucede con episodios de fiebre. Además —continúa la internista—, «el cerebro depende de un flujo constante de sangre, que el calor compromete a través de la deshidratación y la dilatación de los vasos para enviar más sangre a nivel cutáneo». Por ello, los primeros signos neurológicos, como la confusión, desorientación o el comportamiento extraño, «son la señal de alarma más importante; a menudo, lo primero que se ve en un golpe de calor y es un aviso para que pidamos ayuda, cuanto antes mejor», recuerda la experta.
Muy de cerca le sigue el corazón, que empieza a producir arritmias e isquemia; los riñones, con fallo agudo por deshidratación y destrucción muscular; el hígado y el sistema de coagulación. Precisamente, los músculos pueden romperse, lo que se conoce como rabdomiólisis y liberar sustancias tóxicas. «Es una auténtica cascada de fallo multiorgánico», añade la responsable de grupo de la SEMI.
La edad es un factor de riesgo. En el verano pasado, el 96 % de las muertes atribuibles al calor en España se dieron en los mayores de 65 años. «No es casualidad», advierte Villalonga. En esta etapa, se reduce la sensación de sed y la capacidad de sudar, de forma que beben y se refrigeran menos. «Muchos mayores toman fármacos que pueden aumentar el riesgo, como diuréticos, antihipertensivos, anticolinérgicos, psicofármacos o algunos tratamientos para enfermedades neurológicas, y también influye el entorno: vivir solo, viviendas mal ventiladas, dificultad para desplazarse o menor acceso a refrigeración», lamenta el doctor Foo.
Olas sucesivas y la resaca que dejan
Cada temporada estival, se registran más fallecimientos debido a las altas temperaturas. «Es un problema de salud pública de primer orden, todavía infravalorado por la ciudadanía e incluso por el sistema sanitario», valora Villalonga, quien explica que la mayoría de muertes no son golpes de calor, sino descompensaciones de enfermedades crónicas en personas mayores «que muchas veces no se contabilizan por calor». Las cifras son motivo de preocupación si no se ponen medidas para evitarlas. En España, el sistema MoMo estimó 3.832 muertes atribuibles al calor en el verano del 2025, y en Europa, entre el 2022 y el 2024, se contabilizaron más de 181.000.
El problema se agrava cuando las olas de calor son sucesivas. El organismo no llega a recuperarse del todo, especialmente cuando las noches son tropicales e impiden el descanso fisiológico. «El esfuerzo acumulado va agotando la reserva del corazón, el riñón y el metabolismo, de modo que cada nueva ola encuentra a la persona vulnerable más debilitada», responde Villalonga ante una realidad innegable. El cambio climático está haciendo que estos episodios sean más frecuentes, intensos y prolongados.
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