lunes, 3 de octubre de 2016

EL PISTACHO SE ABRE CAMINO EN EL CONDENADO HUELVA INFORMACIÓN
 
Las nuevas variedades se adaptan al secano y en regadío no necesitan más de 250.000 litros de agua España importa 14.000 toneladas para cubrir una demanda al alza
Plantación de pistachos en la comarca de El Condado onubense.
Europa consume anualmente 250.000 toneladas de pistacho. Sólo España tiene que importar 14.000 para cubrir una demanda que no ha dejado de ir in crescendo. Así sintetiza Antonio Luis Benítez, portavoz de la empresa Pistachos Hispanos-Lusos, la potencialidad de un cultivo que ha comenzado a abrirse paso en El Condado y que busca ampliar la diversificación en la que se encuentra inmerso el sector hortofrutícola de la provincia de Huelva.

La empresa corteganesa impartió una charla coloquio en la biblioteca municipal de Bonares, donde reveló las razones por las que hasta ahora no ha sido posible ver plantaciones en nuestros campos. Las variedades clásicas del pistacho necesitaban muchas horas de frío, lo que, de facto, cercenaba las posibilidades de éxito en una climatología como la de El Condado, donde sólo en los meses de diciembre, enero y febrero el mercurio cae por debajo de los diez grados. Sin embargo, matiza Benítez, "las nuevas variedades tempranas, como ferman y avdat, sólo precisan de 400 horas de frío, mientras que los injertos de híbridos americanos las hace resistentes a los hongos".

Pero la parte más atractiva para el agricultor radica en la rentabilidad, que se sitúa al nivel de los berries. Los beneficios por hectárea se mueven en una horquilla que oscila "entre los 10.000 o 15.000 euros", algo desconocido para los cultivos de secano como el olivar y la viña, tan extendidos en la zona. El dato lo corrobora una cotización que hace entender las satisfacciones que para los campesinos ha dejado un producto que a mediados de los ochenta se pagaba a 1,85 euros el kilo, mientras que ahora alcanza cerca de los nueve. Para más inri, detalló el experto, "su cultivo se adapta al secano, mientras que en regadío no necesita más de 250.000 litros de agua".

Evidentemente no todo es color de rosas. El principal hándicap se encuentra en que desde la plantación del árbol hasta que comienza a dar sus primeros frutos pasan cinco años; mientras que para su pleno rendimiento es necesario esperar una década hasta recoger los diez o doce kilogramos que produce el árbol cuando alcanza su máximo nivel de producción. El arduo trabajo para el arraigo de las nuevas plantaciones y la vecería característica de olivar (alternancia de años en los que se dispara la producción con otros muy pobres en kilos) representa otro de los factores que alimenta las dudas.

En efecto, muchos empresarios temen invertir a largo plazo en un sector como el hortofrutícola, cuya rentabilidad fluctúa con demasiada frecuencia en función de dos variables altamente inestables y ajenas a la calidad del producto: la meteorología y los caprichos del consumidor.

Sin embargo, aun con todos estos factores, las expectativas de futuro y la rentabilidad compensan estas dificultades. No en vano, este fruto seco es uno de los cultivos que mayor crecimiento anual ha experimentado en España. Castilla-La Mancha es una de las comunidades autónomas en España que se ha subido a este vagón. En sólo un par de años se han plantado 5.000 nuevas hectáreas. Benítez sostiene que "actualmente al agricultor que tenga pistachos se lo rifan para comprarle su producción".

A nivel mundial los grandes productores son Irán y Turquía. Siria y el área norte del Mediterráneo, con Grecia y Sicilia, le siguen aunque a gran distancia, no en vano sólo en el valle de Rafsanjan el país iraní posee 200.000 hectáreas.

España, desde los años 70 en que surgieron las primeras fincas experimentales, ha visto incrementada su superficie hasta superar los 60.000 hectáreas.

En Bonares se ofreció una densa información sobre los costes, la recogida, el procesamiento y la comercialización del producto. El objetivo es que el municipio siga abriéndose a nuevos cultivos que mitiguen o amortigüen la dependencia de los cultivos de frutas del bosque.

Precisamente cooperativas como Costa de Huelva, de Lucena del Puerto, que aglutina a 140 agricultores, han adquirido recientemente una finca de 800 hectáreas en los términos municipales de Gibraleón, San Bartolomé de la Torre y Villanueva de los Castillejos, donde esperan plantar una superficie de 650 hectáreas de chirimoya, aguacate o mango.


Por otra parte, al establecerse un techo en los regadíos asentados en la Corona Norte de Doñana, que comprende parte de los términos municipales de Almonte, Rociana, Moguer, Lucena del Puerto y Bonares, el crecimiento agrícola ha de pasar necesariamente por los cultivos de secano, y es ahí donde se buscan nuevas frutas y hortalizas que se adapten a la climatología y los suelos de la zona.

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