HUELVA INFORMACIÓN
EL AGUILA PRESA DE MEDIO AMBIENTE
Un vecino de San Juan ha de llevar personalmente un busardo ratonero malherido al CREA
tras rescatarlo al no hacerse cargo la Junta de Andalucía de la recogida de esta especie protegida
El águila ratonera y Sombra, la perra que la descubrió.
"Si me ven con ella, seguro que me multan y, si la atropello,
hasta me meten en la cárcel, pero, encima que la salvo, ni se preocupan
por ella". El lamento es de Rafael García, un vecino de San Juan del
Puerto que aún no da crédito al "desagradable" incidente que vivió el
lunes, cuando hubo de trasladar personalmente al Centro de Recuperación
de Especies Amenazadas (CREA) de Marismas del Odiel, situado en la
carretera del Espigón, a un ejemplar malherido de águila ratonera (Buteo buteo)
después de intentar en vano que la Consejería de Medio Ambiente de la
Junta de Andalucía se hiciese cargo de la misma como Administración
competente en la materia.
El origen de la historia se remonta a las 14:30 del pasado lunes, cuando Rafael García paseaba por un camino rural con su perra Sombra, de raza braco, que, inquieta, descubrió tras unos arbustos al águila, incluida en el listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. "Al verla me di cuenta que estaba herida, con un ala dañada que le impedía volar, y que estaba desnutrida" relata Rafael García, que rápidamente decidió llamar al 112 para que gestionase la recogida de la rapaz sin sospechar que la desidia de la Administración iba a obligarlo a ejercer de improvisado cuidador "ya que no iba a dejarlo allí para que se muriese o lo depredaran".
"Llamé al 112, di mi ubicación y les dije que se lo comunicasen al Seprona o a Medio Ambiente para que pudiera entregarles el águila. Después de media hora sin que apareciese nadie volví a llamar y me dijeron que en ninguno de estos dos organismos les cogían el teléfono, así que decidí contactar con la Guardia Civil pero también se desentendieron del tema alegando que no era de su competencia", rememora "indignado".
"Volví a llamar al 112 -prosigue- y por fin me pusieron en contacto con un operario del CREA, que me dijo que no estaba en horario de trabajo ni tenía medios ni iba a venir a recogerlo, por lo que, con las manos en la cabeza, le dije que cómo era posible que no tuvieran medios y que yo mismo la llevaba adonde fuera, así que me respondió que la depositara en un buzón de recogida que hay fuera del recinto y que ya la recogerían".
Ante la desinterés de la Administración y el temor a que el animal pudiera fallecer, Rafael García no dudó, después de dos horas en compañía de la rapaz, en llevarlo a su domicilio "aun a riesgo de que las autoridades me pudiesen haber visto y multado", donde precedió a alimentarla con varias salchichas de pollo y a hidratarla ayudándose de una jeringa.
Una vez que el busardo ratonero "vi que ya estaba más animado tras alimentarlo", este piadoso vecino de San Juan optó por desplazarse en su coche y, después de tres horas a su cuidado, entregarlo personalmente en el CREA de Marismas del Odiel, cuya plantilla, que contaba en 2001 con tres operarios, un administrativo y un veterinario, ha quedado reducida a un operario y un veterinario que ejerce también en Sevilla.
"El operario me llamó y me dijo que había hecho todo lo posible, que había llamado a seis guardas de Medio Ambiente e incluso al coordinador y que ninguno le había cogido el teléfono", afirma "impotente por la poca preocupación o falta de profesionalidad de ciertos organismos ante este tipo de casos excepcionales, en los que se ponen en juego la vida de especies protegidas o amenazadas".
Tras depositarlo en el buzón, el CREA se encargará de evaluar ahora su estado para recuperarlo e intentar devolverlo a su hábitat natural en un acto al que suelen invitar a las personas que, como Rafael García, prestan su colaboración. "Lo que me gustaría es volver a verlo volar en libertad pero si me llaman me gustaría tener algunas palabras con los responsables", reconoce este vecino de San Juan, cuyo altruismo salvó muy posiblemente a este ejemplar de una muerte segura y de la amenaza que representa la pasividad de quien ha de velar por su protección: el depredador sin garras.
El origen de la historia se remonta a las 14:30 del pasado lunes, cuando Rafael García paseaba por un camino rural con su perra Sombra, de raza braco, que, inquieta, descubrió tras unos arbustos al águila, incluida en el listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. "Al verla me di cuenta que estaba herida, con un ala dañada que le impedía volar, y que estaba desnutrida" relata Rafael García, que rápidamente decidió llamar al 112 para que gestionase la recogida de la rapaz sin sospechar que la desidia de la Administración iba a obligarlo a ejercer de improvisado cuidador "ya que no iba a dejarlo allí para que se muriese o lo depredaran".
"Llamé al 112, di mi ubicación y les dije que se lo comunicasen al Seprona o a Medio Ambiente para que pudiera entregarles el águila. Después de media hora sin que apareciese nadie volví a llamar y me dijeron que en ninguno de estos dos organismos les cogían el teléfono, así que decidí contactar con la Guardia Civil pero también se desentendieron del tema alegando que no era de su competencia", rememora "indignado".
"Volví a llamar al 112 -prosigue- y por fin me pusieron en contacto con un operario del CREA, que me dijo que no estaba en horario de trabajo ni tenía medios ni iba a venir a recogerlo, por lo que, con las manos en la cabeza, le dije que cómo era posible que no tuvieran medios y que yo mismo la llevaba adonde fuera, así que me respondió que la depositara en un buzón de recogida que hay fuera del recinto y que ya la recogerían".
Ante la desinterés de la Administración y el temor a que el animal pudiera fallecer, Rafael García no dudó, después de dos horas en compañía de la rapaz, en llevarlo a su domicilio "aun a riesgo de que las autoridades me pudiesen haber visto y multado", donde precedió a alimentarla con varias salchichas de pollo y a hidratarla ayudándose de una jeringa.
Una vez que el busardo ratonero "vi que ya estaba más animado tras alimentarlo", este piadoso vecino de San Juan optó por desplazarse en su coche y, después de tres horas a su cuidado, entregarlo personalmente en el CREA de Marismas del Odiel, cuya plantilla, que contaba en 2001 con tres operarios, un administrativo y un veterinario, ha quedado reducida a un operario y un veterinario que ejerce también en Sevilla.
"El operario me llamó y me dijo que había hecho todo lo posible, que había llamado a seis guardas de Medio Ambiente e incluso al coordinador y que ninguno le había cogido el teléfono", afirma "impotente por la poca preocupación o falta de profesionalidad de ciertos organismos ante este tipo de casos excepcionales, en los que se ponen en juego la vida de especies protegidas o amenazadas".
Tras depositarlo en el buzón, el CREA se encargará de evaluar ahora su estado para recuperarlo e intentar devolverlo a su hábitat natural en un acto al que suelen invitar a las personas que, como Rafael García, prestan su colaboración. "Lo que me gustaría es volver a verlo volar en libertad pero si me llaman me gustaría tener algunas palabras con los responsables", reconoce este vecino de San Juan, cuyo altruismo salvó muy posiblemente a este ejemplar de una muerte segura y de la amenaza que representa la pasividad de quien ha de velar por su protección: el depredador sin garras.
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