Viandantes se protegen de la lluvia ayer en Jaén, donde se registraron precipitaciones de 5,4 litros por metro cuadrado. /
J. PASTOR
Las organizaciones agrarias ya han advertido de que el déficit de
precipitaciones puede repercutir negativamente en la próxima cosecha
Aunque ya saben aquello de que 'en abril aguas mil', lo cierto es que
enfilamos el comienzo de la época más seca del año. Toca hacer recuento
de cómo está yendo el ejercicio hidrológico, unos datos de enorme
importancia para una provincia como Jaén, cuya economía depende de la
agricultura y, por ende, de que haya más o menos precipitaciones. Hay
mucho en juego. Partiendo de que los embalses jienenses se encuentran a
unos niveles más que aceptables -ochenta por ciento de su capacidad-, lo
que despeja cualquier duda sobre la disponibilidad de caudal para
riego, los datos que facilita la Confederación Hidrográfica del
Guadalquivir sí que apuntan a una disminución notable de la lluvia
registrada desde que el contador se puso a cero. Entre el pasado 1 de
octubre y el 16 de marzo se han computado en Jaén un promedio de 320,8
litros por metro cuadrado, lo que supone casi un veintiocho por ciento
menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior, cuando se
alcanzaron los 444,4 litros por metro cuadrado.
Estos registros de Jaén están en sintonía con los contabilizados en
el conjunto de la cuenca del Guadalquivir para el intervalo temporal que
estamos analizando -hasta mediados del mes pasado-. Los pluviómetros
han acumulado un total de 320 litros por metro cuadrado, un quince por
ciento por debajo del promedio de 376 litros de los históricos,
abarcando los últimos veinticinco años. Noviembre fue el mes más
borrascoso, mientras que diciembre, enero y febrero fueron especialmente
secos, unos parámetros que también son extrapolables a lo ocurrido en
Jaén, donde se encuentran presas de regulación tan importantes como el
Tranco de Beas, donde se pueden almacenar hasta 498 hectómetros cúbicos. Doce puntos por debajo
La cuestión es que la red de pantanos se encuentra, en conjunto, al
80,15% de su capacidad (1.841 hectómetros cúbicos) cuando hace un año,
junto en esta misma semana, nos hallábamos al 92,69%. Estamos, por
tanto, doce puntos por debajo, pero sensiblemente por encima del 65,98%
si establecemos la comparación con los últimos diez años. Éste es el
dato realmente relevante y que otorga al organismo regulador, la
Confederación, un margen de maniobra lo suficientemente amplio como para
aprobar, sin mayores problemas, una dotación extraordinaria para el
olivar de Jaén, un punto que no tardará mucho en aprobarse en la
Comisión de Desembalses. En esta coyuntura se descartan cortes y
restricciones para el consumo doméstico más allá de contingencias que se
puedan relacionar con averías en suministro, canalizaciones y
determinadas infraestructuras, algo bastante habitual en comarcas como
El Condado cuando estamos en los meses estivales.
En estos momentos el mayor volumen de recursos embalsados en
territorio provincial se halla en el Tranco de Beas, en pleno parque
natural de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, con 431
hectómetros cúbicos sobre un total de 498. Le sigue el segundo más
grande de Jaén, el Giribaile, con 371 hectómetros cúbicos. A
continuación aparece el Guadalmena, con 312 hectómetros cúbicos; el
Jándula, con 241 hectómetros cúbicos; la Fernandina, con 178 hectómetros
cúbicos; y el Guadalén, con 131 hectómetros cúbicos. El resto ya
aparecen con cantidades inferiores a los 100 hectómetros cúbicos.
En cualquier caso, hay bastante preocupación en los agricultores y
organizaciones agrarias como la COAG ya han advertido esta semana que el
hecho de que haya llovido menos puede tener una incidencia negativa en
la próxima campaña de recolección de la aceituna en Jaén.
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