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Algunos consejos para que ir de tiendas no sea una odisea
Llenar la nevera es una de las misiones habituales en cualquier hogar, que se hace normalmente cuando hay tiempo libre. Pero la tarea adquiere condición de riesgo cuando se hace acompañado de un niño pequeño, sobre todo si es inquieto. Puede empezar a pedir cosas compulsivamente, corretear por todos los pasillos... hasta perderse. Como es conveniente incluso cuando vamos solos, lo importante al ir al supermercado es tener planificada la visita, para que dure el tiempo óptimo y así se eviten las situaciones de aburrimiento del enanito.
Una buena costumbre es que el paseo se haga con el estómago lleno (tanto el de él como el de los mayores, para no caer en la trampa de caprichos) y con una lista en la mano. Si el peque ya no lleva pañal, es conveniente una visita al servicio previa, por si la búsqueda se alarga más de la cuenta por el establecimiento.
Soportar el tedio de estas tareas se consigue si se le implica como si fuera un mayor. Pedirle que ayude a meter algunas cosas al carro, que elija algún producto (con la trampa de que sea precisamente el que queremos para él). Incluso en casa preguntarle para que dé sus aportaciones a la nota que se lleva.
Si es muy independiente, se le puede dejar que arrastre una de esas cestas con ruedas, para que en ella guarde productos que no se rompan o que tengan poco peso. Cruzando por las zonas, una vez delante de lo que se busca, se le puede inquirir por el bote que más le agrada. Incluso en algunas disyuntivas, se puede hacer caso a su opinión.
Todas estas acciones, según la pedagoga Esther García, refuerzan su autoestima y mejoran la relación con los padres, al tiempo que puede practicar el lenguaje y aprender otros fundamentos desconocidos. Siempre es bueno estar prevenido con alguna bebida (agua o zumo) por si siente una repentina sed.
En el caso de que haya aglomeraciones, hay que permanecer especialmente atento. Vestirle con ropa llamativa puede ser una buena estrategia. También, llegado al caso, que lleve algún globo. Si es muy travieso, existe hasta el truco de apuntarle en el brazo el número de teléfono de uno de los papás. Por último, hay que velar porque no se separe de nosotros al subir por la escalera mecánica. Que tenga cuidado por el lugar donde mete el pie y al apoyarse en el pasamanos.
Todo esto puede acabar siendo provechoso para que coman mejor y para que, en un futuro, cuando sean mayores, sigan participando o incluso hagan ellos, vía encargo, la habitual visita en busca de víveres.
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