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Primeros vehículos en circular por el nuevo y último tramo abierto de la A-7 a media tarde de este miércoles. /
JAVIER MARTÍN
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En el último tramo de la A-7 se han gastado 2,5 millones de material explosivo en las voladuras que han despertado, algunas veces, a los vecinos de un barrio de Castell cercano a las obras
El tramo Carchuna-Castell era, antes de construirse, un camino de
cabras. Además, auténtico. Uno de los técnicos explicó ayer durante el
recorrido de estos 10 kilómetros (que han costado 118 millones de
euros), que se han destinado 1,8 millones de euros a realizar medidas
para cuidar del entorno natural como pasos para las cabras montesas,
«que hay a montones», y que se han transplantado especies autóctonas
para que no se perdieran con la obra.
Carchuna-Castell ha sido el último tramo por su dificultad técnica y porque el Gobierno del PP se lo encontró parado, a pesar de que los antecesores lo contaban como tramo «en ejecución». Había que realizar una autovía en una montaña, en la zona carchunera, y para eso ha habido que poner ‘bombas’. El técnico que explicó el trazado comentó que se han gastado 2,5 millones de material explosivo en las voladuras que han despertado, algunas veces, a los vecinos de un barrio de Castell cercano a las obras.
La apertura de estos 10 nuevos kilómetros de autovía supone una
alternativa más rápida, cómoda y segura frente al tránsito por la
carretera N-340. Los 13.502 vehículos que de media circulan diariamente
por este tramo de la carretera N-340, con puntas muy superiores en los
meses estivales, y un porcentaje del 12% de vehículos pesados, se verán
así beneficiados por esta nueva infraestructura.
El presupuesto total del contrato de obras asciende a 118,1 millones de euros, cantidad que, sumada al coste de redacción del proyecto, al importe estimado de las expropiaciones y al coste de la asistencia técnica para el control y vigilancia de las obras, arroja una inversión total de aproximadamente, 164,54 millones de euros. El tramo tiene un túnel, el de Gualchos, tres viaductos, y hasta 39 obras de drenaje transversal. Las cifras son a lo grande. Se han movido 7 millones de metros cúbicos en excavaciones y 6 millones de metros cúbicos en terraplenes.
Carchuna-Castell ha sido el último tramo por su dificultad técnica y porque el Gobierno del PP se lo encontró parado, a pesar de que los antecesores lo contaban como tramo «en ejecución». Había que realizar una autovía en una montaña, en la zona carchunera, y para eso ha habido que poner ‘bombas’. El técnico que explicó el trazado comentó que se han gastado 2,5 millones de material explosivo en las voladuras que han despertado, algunas veces, a los vecinos de un barrio de Castell cercano a las obras.
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